mayo 11, 2026
El Paso

Con amor y humanismo atienden a personas con problemas mentales

María y Manuel, ambos profesionistas originarios de Durango, México, nunca imaginaron que sus vidas darían un giro inesperado al iniciar un negocio heredado por sus hijos dedicado a la atención de personas con problemas mentales.

Para la maestra de preescolar y el ingeniero civil, el reto no ha sido fácil, ya que entre cuidar a personas con este tipo de padecimientos y el mantenimiento, control y operación de construcciones es mucha la diferencia, sin embargo con la ayuda del personal especializado han logrado salir adelante y ofrecer un espacio digno y educativo a sus clientes.

“Todo surgió cuando mis hijos, egresados de UTEP, hicieron negocio con un pastor de una iglesia cristiana que les facilitó el local ante la imposibilidad de pagar la renta”, dijo María Carrete, que a sus 66 años, atiende a sus clientes discapacitados.

En este nuevo rubro tanto ella como su esposo han tenido que aprender a ser asertivos y tener paciencia con los pacientes que durante varias horas están a su cuidado, dijo este matrimonio que como inmigrantes han salido airosos en este país.
“Ahí vamos… es difícil pero nos ha ido bien gracias a la gente que ha sido cooperativa con nosotros. Somos bendecidos”, dijo la pareja originaria de Santa María del Oro, Durango y con 47 años de casada. “Todo ello se debe al gran apoyo que recibimos de nuestro personal calificado”.
A lo largo de casi una década este centro de ayuda ha brindado asistencia y educación a este tipo de pacientes con el fin de fomentar la salud a nivel comunitario e individual a través de técnicas de autoconfianza y terapias que permitan a la persona tener un tiempo agradable y de aprendizaje.

“Nuestro papel es brindar motricidad fina y motricidad gruesa, involucrarse en actividades manuales así como darles gimnasia mental y ejercicios”, dijo Stephanie Miranda, enfermera del centro, quien junto con sus compañeros mejoran la calidad de vida de sus pacientes.

Explicó que dentro de la asistencia está también el trabajar con ellos para que los dos hemisferios, izquierdo y derecho, se activen, “con risoterapia, ejercicios prácticos y movimientos de coordinación provocamos que sus coyunturas tengan elasticidad ya que en ocasiones permanecen horas sentados”, expresó Miranda.

Y es que los trastornos del estado de ánimo, como depresión o trastorno bipolar, de ansiedad, de personalidad y psicóticos son comunes en estos centros de cuidado de jóvenes y adultos mayores.

Durante su estancia los pacientes tienen la oportunidad de convivir con sus compañeros, elaborar trabajos manuales, jugar a la lotería u otros juegos interactivos o bien dormir un poco. Las enfermeras están atentas de sus medicamentos y revisiones médicas.

Tony es uno de los pacientes del centro, que al igual que otros tiene tiempo que asiste a este lugar. “Me la paso bien, estoy a gusto”, dijo quien con frecuencia es transportado de ida y vuelta a su casa, ubicada sobre la calle North Loop. “No vengo todos los días porque se me olvidan las cosas y hasta dónde vivo”.

En este sitio, el cual prácticamente es su segunda casa, pasa la tercera parte del día charlando y recordando sus historias de niñez y juventud que vivió en su natal Santa Eulalia, Chihuahua.

“Ahí trabajé en la mina, después viajé a Ciudad Juárez, en donde fui taxista, beisbolista y luchador. Después llegué a El Paso”, dijo quien ostentaba el nombre de Rudy Guerrero en el cuadrilátero e idolatraba al luchador profesional Blue Demon. “Hoy vivo de esos recuerdos”, expresó el padre de familia.

María, dijo que el centro denominado ROKA, una palabra compuesta por los apellidos Rocha y Carrete, pero con K, empezó con cinco pacientes, luego subió a 17 y en un tiempo a 75, sin embargo la llegada de la pandemia provocó una severa crisis.

“El efecto de la pandemia fue duro. Nadie quería salir de sus casas por temor al contagio, tenían miedo y sólo nos limitamos a llevarles alimentos a los pocos pacientes que teníamos”, dijo la maestra al recordar con tristeza la muerte de muchos de ellos.

Manifestó que a un año de haber declarado la terminación de la epidemia las cosas no se han normalizado del todo aunado al problema de inestabilidad tanto de clientes como de personal.Dijo que ante la falta de trabajadores tuvo que entrarle con todo y tanto ella, como su esposo y su hija menor, actual administradora del centro, lograron salir de la crisis con el apoyo de al menos dos empleadas más, entre ellas la cocinera y una enfermera y choferes, personas esenciales en un centro como éste.

Así como esta pareja de inmigrantes han sido miles las que han logrado adaptarse, en la medida de las posibilidades, e impulsar su negocio en medio de las adversidades propias del mercado de los centros de cuidado.

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