El despliegue de soldados a lo largo de la frontera sur que se han sumado a las labores de vigilancia de la Patrulla Fronteriza e inhibir el tráfico de personas ha dado tranquilidad a las comunidades que habitan en las cercanías de la valla fronteriza y Río Grande al desaparecer prácticamente las incursiones que hacían los migrantes que cruzaban la frontera de manera ilegal en sus viviendas,
Y es que durante décadas vecinos que habitan en los condados de El Paso y Doña Ana a lo largo de la frontera, comprendida en la región Paso del Norte, han sufrido múltiples invasiones a sus propiedades presentándose una serie de problemas en materia de seguridad y daños a sus pertenencias.
“Yo le doy gracias a Dios porque mire desde que se reforzó la seguridad en la frontera hemos descansado del pasadero de migrantes por nuestras casas y calles del vecindario”, dijo Rosa Isela, residente del fraccionamiento La Playa, en el Valle Bajo.
Ella, al igual que sus vecinos sufrió el asalto de los extranjeros que huyendo de la Patrulla Fronteriza se refugiaban en su hogar. “A cada momento escuchábamos voces en nuestras yardas y al asomarnos por la ventana veíamos como esas personas se escondían detrás de las tablas, botes y otros objetos que teníamos en los patios para evitar ser vistos y atrapados por los agentes federales”,
Manifestó que si bien la presencia de los migrantes le daba miedo al pensar que en su desesperación por escapar ingresaran a su vivienda de manera violenta y sufrir un ataque, también sentía compasión por ellos al ver reflejado el terror en sus rostros por ser descubiertos.
Sin embargo la presencia de soldados de la Guardia Nacional de Texas, elementos del Departamento de Seguridad Pública de Texas y el apoyo de los cientos de militares enviados por la administración Trump recientemente, han traído la calma a sus barrios.
Los habitantes de Sunland Park, Nuevo Mexico, en el condado de Doña Ana, también viven la misma experiencia que los de La Playa. El campamento de soldados y elementos de la Patrulla Fronteriza, en los alrededores del Monte de Cristo Rey, les ha traído tranquilidad.
“Era angustioso ver todos los días persecuciones de la Patrulla Fronteriza por nuestras calles, además de lo peligroso que representaba”, dijo la señora Rodriguez, residente de la calle Anapra.
Mencionó que era común ver a los migrantes correr por las calles y refugiarse en donde podían, botes de basura, abajo de las trailas o abrir las portezuelas de los carros y encerrarse. Otros se subían a los techos de las casas.
Dijo que luego del alboroto en segundos arribaban las camionetas de la Patrulla Fronteriza a toda velocidad para luego ser invadidos por los agentes que ansiosos buscaban a los sospechosos. “Muchos llegan muy prepotentes y entran sin permiso y con pistola en mano a nuestras propiedades… eso me da mucho miedo”, expresó aterrada.
“Regularmente vienen corriendo por el monte y llegan justo a este primer vecindario para esconderse de la migra”, dijo José, residente de la calle Findley al asegurar que algunos logran burlar la vigilancia y una vez que se retiran los agentes caminan tranquilos para internarse a la ciudad.
No obstante con las nuevas medidas de seguridad y el reforzamiento en la vigilancia del sector el flujo se ha reducido significativamente expresaron vecinos de las calles Hope y Fielder debido a la copiosa presencia de agentes y militares en la zona.
De acuerdo a la Patrulla Fronteriza el número de encuentros ha bajado drásticamente. Nuestros números de detenciones han bajado bastante. En el año fiscal 2024 había encuentros de hasta 2 mil 500 en un solo día, hoy tenemos entre 80 y 90”, dijo Claudio Herrera-Baeza, vocero de la Patrulla Fronteriza, Sector El Paso, al referir los drásticos cambios que ha habido.
En un recorrido realizado por El Diario de El Paso por la línea divisoria que divide a Sunland Park, NM, y Ciudad Juárez, Chihuahua, a la altura del Cerro de Cristo Rey, se pudo apreciar una vigilancia nunca antes vista en la zona.
Decenas de soldados y agentes de la Patrulla Fronteriza acantonados en las faldas del cerro se turnan para recorrer la zona en vehículos mientras que un helicóptero sobrevuela la zona para monitorear desde las alturas cualquier movimiento de personas que intentan introducirse ilegalmente al país. La vigilancia se da las 24 horas del día.
Se apreció también la colocación de un mayor número de vallas de metal en lugares donde no hay muro por lo abrupto del camino con el fin de reforzar las medidas de seguridad y evitar el contrabando de mercancías y el cruce de migrantes. La estrategia va funcionando, afirman las autoridades.
“Esta es una barrera vehicular de metal que se ha instalado a lo largo de un cuarto de milla”, expresó Herrera-Baeza al destacar que la falta de este tipo de infraestructura era aprovechada por las organizaciones criminales para realizar el tráfico humano y contrabando de mercancías.
“El Sector de El Paso siempre ha sido una de las estaciones más ocupadas para la Patrulla Fronteriza, sobre todo esta zona montañosa y desértica”, expresó Herrera-Baeza, al recalcar que cruzar la frontera fuera de los puertos de entrada, además de poner en riesgo la vida de los migrantes, constituye un delito que puede traer consecuencias legales que van desde la deportación inmediata, prohibición de ingresar al país hasta de cinco años, cárcel y enfrentar cargos criminales.
