Las temperaturas extremas registradas este verano en Estados Unidos no solo han puesto a prueba la resistencia de las familias, sino también sus bolsillos. Ante el aumento del uso de sistemas de aire acondicionado y la presión sobre las redes eléctricas, especialistas recomiendan que los consumidores conozcan cómo utilizan la electricidad y adopten medidas para reducir sus facturas.
Julio de 2026 se convirtió en el mes más caluroso registrado desde 1895 en los 48 estados contiguos del país, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. La temperatura promedio alcanzó los 76.9 grados Fahrenheit, colocándose 3.3 grados por encima del promedio del siglo XX.
En Texas, donde los hogares dependen ampliamente del aire acondicionado durante el verano, una factura residencial promedio puede acercarse a los 180 dólares mensuales. Sin embargo, el costo varía según el tamaño de la vivienda, la tarifa contratada, el aislamiento y los hábitos de consumo. En casas medianas o grandes, el recibo puede superar fácilmente los 200 o incluso los 300 dólares.
La preocupación no se limita al costo. El crecimiento de la demanda eléctrica y los periodos prolongados de calor también aumentan la presión sobre la infraestructura. El Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas, ERCOT, advirtió antes del verano que el estado podía superar su máximo histórico de consumo debido a las altas temperaturas y al crecimiento de nuevas cargas eléctricas.
Frente a este panorama, la educación energética se presenta como una herramienta para que las familias tengan mayor control sobre sus gastos. El primer paso consiste en revisar detalladamente el recibo de electricidad para conocer cuántos kilovatios-hora se consumen, cuánto se paga por cada unidad y si el contrato incluye tarifas variables, cargos adicionales o incentivos condicionados a determinados niveles de uso.
Entre las medidas más sencillas se encuentran ajustar el termostato a una temperatura razonable, aumentarla cuando la vivienda esté desocupada y utilizar ventiladores para mejorar la sensación térmica. Los ventiladores deben apagarse al salir de la habitación, ya que refrescan a las personas, pero no reducen la temperatura del espacio.
El Departamento de Energía de Estados Unidos también recomienda cerrar cortinas o persianas durante las horas de mayor exposición solar, cambiar periódicamente los filtros del aire acondicionado, sellar filtraciones en puertas y ventanas y evitar el uso del horno durante las horas más calurosas. Desconectar aparatos que no están en uso ayuda además a reducir el llamado “consumo fantasma”.
Lavar ropa, utilizar la secadora o encender el lavavajillas durante las horas de menor demanda puede representar otro ahorro, dependiendo del plan contratado. También se aconseja revisar mensualmente el consumo, comparar el recibo con el del mismo periodo del año anterior y solicitar una auditoría energética cuando el gasto aumenta sin una explicación aparente.
Organizaciones como Solar United Neighbors ofrecen información gratuita para orientar a los consumidores sobre sistemas solares, baterías y programas de energía solar comunitaria. Estas alternativas pueden ayudar a reducir la dependencia de la red y ofrecer respaldo durante algunas interrupciones, aunque su costo y beneficio dependen de las condiciones de cada vivienda.
Antes de contratar paneles solares, los consumidores deben comparar varias propuestas, revisar las condiciones del financiamiento, conocer las garantías, verificar el estado del techo y calcular el tiempo necesario para recuperar la inversión. Una batería puede proporcionar energía de respaldo, pero representa un costo adicional y su capacidad no siempre permite mantener funcionando toda la vivienda durante un apagón prolongado.
Especialistas señalan que ahorrar energía no significa soportar temperaturas peligrosas dentro del hogar. Los adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades deben mantener condiciones seguras y buscar centros de enfriamiento si no cuentan con climatización adecuada. La meta es eliminar el desperdicio, mejorar la eficiencia y tomar decisiones informadas.
Ante veranos cada vez más exigentes y una demanda eléctrica en crecimiento, conocer el funcionamiento del recibo, modificar hábitos y evaluar cuidadosamente las nuevas tecnologías puede marcar una diferencia. La educación energética permite que las familias no tengan que limitarse a pagar facturas más elevadas, sino que puedan tomar medidas para controlar su consumo y proteger su economía.
