Ciudad de México, a 10 de agosto de 2026
La información pública no es una mercancía ni un privilegio reservado para unos cuantos. Es un derecho del pueblo y una condición indispensable para la vida democrática. Un pueblo bien informado puede participar, exigir cuentas y evaluar a quienes gobiernan; un pueblo al que se le oculta la información difícilmente puede ejercer plenamente su libertad.
Ese es el sentido de La Mañanera: un ejercicio de comunicación directa, transparencia y rendición de cuentas que transformó la relación entre el poder y la ciudadanía.
Al romper el viejo monopolio de la información y abrir un diálogo cotidiano, público y sin intermediarios con el pueblo de México, La Mañanera se convirtió en una práctica democrática sin precedentes en nuestro país y prácticamente única en el mundo.
Durante la época del PRIAN, los gobiernos hablaban poco, respondían menos y nunca rendían cuentas. Las decisiones se tomaban a puerta cerrada, la información se administraba desde la opacidad y el diálogo con la sociedad era sustituido por acuerdos con las élites.
El pueblo debía enterarse de las decisiones del gobierno únicamente a través de intermediarios, mientras el poder permanecía protegido por el silencio y la distancia.
La Cuarta Transformación cambió esa lógica de raíz. Por primera vez en nuestra historia, el Gobierno de México informa y responde, de manera pública y abierta, para explicar sus decisiones y debatir los asuntos nacionales frente a millones de mexicanas y mexicanos.
Sólo un gobierno con autoridad moral puede sostener una práctica así. Quien le teme al pueblo se encierra detrás de oficinas, campañas de propaganda y boletines. Quien manda obedeciendo sabe que la primera obligación del poder es escuchar, informar y mirar de frente a la ciudadanía.
En la Conferencia del Pueblo participan periodistas de medios nacionales, locales, independientes y comunitarios, con distintas posiciones editoriales. Ahí se pregunta, se cuestiona y se critica. También se confrontan datos, se aclaran versiones y se responde, en vivo, a la información publicada diariamente por los propios medios de comunicación.
Eso es precisamente lo que Acción Nacional no soporta. El PRIAN ha convertido la mentira y la calumnia en una estrategia de comunicación: repite falsedades, presenta acusaciones sin pruebas y, cuando el gobierno responde con datos, documentos y la verdad de los hechos, grita “persecución” o “censura”.
Pretende convertir la libertad de expresión en un privilegio exclusivo: quiere hablar, acusar y descalificar sin que nadie pueda responderle. Pero la democracia no consiste en garantizarle impunidad a la mentira, sino en permitir que todas las versiones sean contrastadas frente al pueblo.
Al PRIAN no se le ha cerrado un solo espacio. Nadie le ha impedido ofrecer conferencias, emitir comunicados, conceder entrevistas, utilizar las redes sociales, ocupar las tribunas del Congreso ni expresar diariamente sus posiciones en radio, televisión y medios impresos.
Su propio comunicado lo demuestra: pueden hablar, criticar y acusar con absoluta libertad. Lo que quieren cerrar es el espacio desde el cual el gobierno responde a sus mentiras frente al pueblo de México. Les incomoda haber perdido el privilegio de que una sola versión de los hechos definiera la conversación pública sin posibilidad de ser contrastada.
En Morena defendemos sin reservas la libertad de expresión, el derecho a la crítica y la pluralidad democrática. Pero también defendemos el derecho del pueblo de México a recibir información pública de manera directa, a conocer las acciones de su gobierno sin intermediarios y a escuchar todas las versiones para formar libremente su propio criterio.
La Mañanera le devuelve la palabra al pueblo. Por eso la derecha quiere silenciarla.
