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mayo 29, 2026
El Paso Opinión

La ‘mesereada’, un trabajo que ama y que le ha dado grandes satisfacciones en la vida

Silvia Rodriguez escucha y disfruta a diario el concierto de sonidos que se ofrece cada mañana en la cocina del restaurante Tacos Chinampa, especializado en la elaboración de la comida mexicana.

Y es que el raspar de la pala en la plancha, el picado de los vegetales, el hervor de los guisados y los caldos de res, pollo y albóndigas, así como el constante chorro de agua por el lavado de platos, ollas y cubiertos con el remate de la caja registradora y las pláticas y murmullos de los clientes son las resonancias típicas del lugar donde en los últimos 14 años se practica el arte culinario.

Aunque concentrados en sus tareas estos reclutas del ejército de chefs, están constantemente atentos a cada una de las órdenes de sus correligionarios, los cocineros y cocineras para preparar los platillos solicitados por los meseros.

…Me pones una orden de tacos al pastor, una orden de enchiladas y una comida corrida por favor son las ordenes que Silvia, ha pedido una y otra vez a lo largo de 28 años que tiene como mesera, oficio que adora y le ha dado grandes satisfacciones.

“Me encanta mi trabajo y lo disfruto mucho. Me llena de gran felicidad los días en que me toca venir a trabajar, vengo con muchas ganas”, dijo la madre de dos hijas, América y Gaby, quien emigró a este país en busca de una mejor calidad de vida a mediados de los noventa, luego de caer en depresión, producto de su divorcio.

Originaria de Ciudad Juárez y de 60 años de edad, Silvia afirma que nunca pensó que su trabajo de vida fuera la de ‘meserear’, ni mucho menos en esta ciudad en la que pensó nunca vivir, pero que al paso de los años le dio la estabilidad emocional y económica para salir adelante como madre soltera.

Y es que a pesar de no contar con la experiencia del oficio aunado al desconocimiento del idioma Silvia dice que esto nunca fue impedimento para demostrar sus habilidades a su patrón tal y como lo han hecho millones de migrantes que llegan a este país de la oportunidades.

Nacho Serrato, propietario de Tacos !Ay Cocula! Fue el mentor que le dio la oportunidad de incursionar en esta industria pujante en el país y que genera millones de empleos, ocupados en su mayoría por latinos.

“Recuerdo que al llegar al restaurante me la dieron de ‘levanta muertos’, que consiste en recoger los platos, vasos y cubiertos de las mesas, pero que fue solo durante  tres días’, dijo la ex trabajadora de la maquiladora Motores Eléctricos, en Ciudad Juárez, que en ese entonces contaba con 26 años.

Cuenta que al tercer día de haber iniciado su trabajo en ese mesón fue comisionada al servicio de las mesas, luego de la ausencia de una de las meseras, pero al final se quedó en el puesto. “ Estaba muy nerviosa porque yo nunca había atendido a los clientes, pero al paso de los días le fui tomando mayor confianza”.

La necesidad y las ganas por mantener y sacar adelante a sus dos hijas de 3 y 5 años de edad, hizo que en poco tiempo dominará el oficio y le tomara cariño.

Como toda mesera y pieza clave en la atención al cliente, encargada de procesar pedidos y servicio en la mesa Silvia aprendió también a sobrellevar quejas y cumplidos, procesar pagos y facturación, entre otras tareas propias de su encargo.

“No tenían a otra persona y pues recuerdo que mi jefe Nacho me dijo que solo serviría el café en los desayunos. Al final no fue así y me echaron al ruedo, expresó la juarense quien en su primera etapa permaneció 18 años, de no haber sido por el incendio que destruyó el local, ubicado en el cruce de Lee Trevino y Pellicano, en 2012.

“Fue algo muy triste ver cómo en minutos las llamas destruyeron todo hasta convertirlo en cenizas”, agregó tras revivir abatida ese pasaje que la dejó sin trabajo justo un 25 de diciembre. Una falla eléctrica en la freidora provocó una chispa. “En segundos la lumbre se  propagó por todo el edificio dejándolo en cenizas”, cuenta afligida”.

Sin embargo el golpe recibido no fue tan fuerte como el cáncer que invadió su cuerpo y amenazaba con arrebatarle su vida. Pero el ser madre y padre a la vez hizo que la situación fuera aún más difícil, pero la ayuda invaluable de su hermana Hilda, de oficio mecánica, la hizo fuerte al estar siempre a su lado.

“Le agradezco tanto a Dios que me la haya dado de hermana porque además de estar siempre conmigo fue como una madre para mis hijas mientras yo trabajaba. Nunca tuve vacaciones porque siempre quería trabajar para ellas y mi hermana las paseaba”, dijo con palabras entrecortadas y al punto del llanto.

Aún así y en medio del dolor por su enfermedad recuerda que lo más pesado para ella y dentro de su vanidad como mujer fue cuando se le cayó su cabello…” ella me animaba, me hacía fuerte, pero al ver llorar a mis hijas fue algo que me quiso ‘tumbar’ y tuve que ser fuerte”.

Al paso de los días recuerda que su hermana la animó a fabricar turbantes y a utilizar pañoletas para lucir y mantenerse activa. “Le eché ganas era un proceso que debía seguir porque sabía que eso iba a pasar”, cuenta al rememorar las palabras de su hermana.

Durante el proceso Silvia recibió 54 radiaciones y ocho quimioterapia y descansó de los intensos dolores que padecía en sus piernas al recibir las medicinas que al principio rechazaba al pensar que el suplicio era normal.

Por fortuna al término del tratamiento fue declarada sobreviviente de la maligna noticia que la llenó de júbilo y le dio ganas de continuar luchando para atender a sus hijas.

No obstante la suerte de su hermana fue contraria y falleció a causa de la misma enfermedad hace cuatro años, aunque dolorosa dice se queda con la satisfacción de haberle estado con ella y cumplirle, junto con sus hijas y yernos, uno de sus deseos de vida que era conocer la ciudad de San Francisco, California. Aún cuando no pudieron llegar al emblemático puente ‘Golden Gate’ al que anhelaba conocer a causa de su malestar, fue suficiente el esfuerzo.

 Aunque ya no regresó a su antiguo trabajo, luego de haber sido reconstruido, sabía que tenía estima de los hermanos Serrato, distinguidos por su humanismo, pronto se integró al equipo del nuevo restaurante inaugurado por Abraham, hermano de Nacho, con quien había compartido tareas como compañeros de trabajo en el mesón de Tacos Santa Cecilia, lugar donde trabajaba su padre como carnicero.

“Tenía luz verde con ellos. Nacho era muy bondadoso…pero al abrir -Abraham’, hermano de Nacho, otro comedor me invitó a laborar y desde entonces estoy aquí”, dijo visiblemente contenta y agradecida con la vida al cumplir ya poco más de 14 años en la empresa de Tacos Chinampa, situado en Edgemere y Saul Kleinfeld, en el Este de la ciudad.

Al pasar de más de tres décadas Silvia confiesa que lo mejor que le pudo haber pasado en su vida es haberse convertido en mesera y aprendido a servir a su clientela, aún cuando se ha encontrado con clientes ‘muy especiales’.

“Creo que cuando me encuentro con ese tipo de consumidores es cuando pongo más empeño para sacarme la espina hasta que prácticamente ceden y se comportan con amabilidad”, manifiesta la mesonera, que se ha ganado el aprecio y el respeto de los comensales.

Afirma que su trabajo le ha dado la estabilidad económica y emocional, pero sobre todo de ser feliz. “Es un trabajo digno, no me quejo, me va muy bien y gracias a Dios con lo que ganó compre mi casa, mis muebles y carro”, dice al tiempo de agradecer el apoyó de todos sus clientes que a lo largo de los años la han socorrido con las propinas. El que dejen o no dejen propina el servicio siempre será de calidad.

Entre las anécdotas que más recuerda son el par de caídas que ha tenido durante la jornada pero que no pasaron a mayores. “Recuerdo que una vez me resbalé y  llevaba una charola con vasos con soda pero creerá que no se me cayeron y otra que al caer me levanté como resorte y les dije a los clientes que aplaudieran”, dijo entre risas.

Dentro de las habilidades adquiridas, aparte de su buena memoria, es el manejo de platos, vasos y charolas para atender con rapidez a los clientes al llevar hasta siete platos al brazo y caminar a toda prisa.

Los valores adquiridos y que forman parte de su filosofía de vida son el respeto, puntualidad, responsabilidad y trabajar en equipo, hábitos que la han llevado a ser una trabajadora ejemplar ante los demás.

Tacos Chinampa, su hogar en los últimos 14 años

Aunque su horario de trabajo empieza a las seis de la mañana acostumbra a llegar mucho antes para preparar sus instrumentos y herramientas de trabajo. Su delantal, pluma y libreta así como el cuidado de sus uñas postizas que lucen diseños atractivos siempre van con ella y nunca pueden faltar.

Para esta sobreviviente de cáncer, que al iniciar el día siempre se encomienda a Dios, otra de las satisfacciones de vida es convivir con sus padres Isidro y María, salir de compras, gozar su estancia en casa y escuchar música de Ramón Ayala.  Sin embargo, algo que anhela algún día es llegar a convertirse en abuela y cuidar a sus nietos.

En su mensaje a las nuevas generaciones de meseros aconseja siempre mantener un buen ambiente de trabajo, ser positivos y nunca conformistas. Siempre deben dar más de lo que se pide y si hay que quedarse más tiempo no renegar, dice mientras levanta y apunta en su libreta la orden de tacos al pastor y un agua de horchata solicitada por uno de sus clientes.

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