julio 6, 2026
Opinión

Política y fútbol, la historia se repite.

Por: José Eduardo Borunda Escobedo

1.- Pasión desbordada produjo la actuación de la selección mexicana que una vez más ilusionó a una población hasta literalmente el llanto, la euforia, y lamentablemente hasta la muerte por los festejos de uno de los juegos que terminaron en el festejo de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. Al escuchar en una de las estaciones televisoras que había más de un millón de asistentes en el Ángel de la Independencia simplemente dije, esto se salió de control.

2.- Euforia en las calles, en las plazas públicas, en los parques, en los centros comerciales, restaurantes y en los convivios familiares. Las canciones de Juan Gabriel, Caifanes, Maná y otros artistas le ponían el sabor “al caldo”. Todo era fiesta, cantar, bailar, y hacer lo inimaginable e impropio con el fin de llamar la atención, pasar el rato y disfrutar de la “psicología de las multitudes” que analizaba Gustavo Le Bon cuando proponía “estudiar el alma de las multitudes”.

3.- Esperanza en un resultado que favorece las intenciones político – electorales de muchos o algunos, cuando el número no cuenta. Así vivieron los aspirantes y deseosos de ser candidatos y de la propia clase política, al subir una foto con la playera verde, blanca o negra de la selección mexicana deseándole a ellos, a los 11 mexicanos que corrían detrás de un balón, el éxito anhelado de un triunfo tras otro.

4.- Empatía, como nunca no fue la excepción en Ciudad Juárez, la alineación de la población, de los comercios, de las esferas de gobierno invadieron la vida cotidiana. Incluso, estos valores que hemos señalado también han sido compartidos en las comunidades al otro lado de la frontera, donde las camisetas del equipo mexicano se veían por doquier. La vida fue trastocada, se armaron los espacios de convivencia al estilo propio de una comunidad binacional donde todo se comparte de manera diferente, como decía el “Divo de Juárez”.

5.- Desilusión, pues no se pudo, fue una afirmación que no se esperaba en los gritos de los mexicanos. Sorprendentemente, ese trastocamiento de la vida cotidiana alteró una parte de nuestra realidad. Los vendedores de ilusiones habían vendido algo que no fue posible. Sin embargo, “hasta que te conocí”, retrataba en la letra de la canción de Juan Gabriel precisamente esa relación de la afición, de la sociedad mexicana con un equipo, que dio la vuelta al mundo con un estilo único en el manejo del balón, que en todos sus partidos anotó y cuyas apuestas, según expertos, eran los favoritos.

En conclusión, el fútbol y la política se unieron de nueva cuenta. El país se olvidó de los problemas, las oficinas de gobierno ajustaron horarios, la población se unió en un solo canto, las cadenas comerciales ajustaron sus campañas publicitarias el unísono, la pasión se había desbordado, pero siempre consientes que había una posibilidad y esta se derrumbó hasta el último momento. Al final el ¿Y si sí? Tuvo una respuesta negativa, pero esto quedará para los anales de la historia, México jugó como nunca. Fin.

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