El Paso, Texas.— El Día de Reyes volvió a sentirse con fuerza en El Paso, donde desde las primeras horas del 6 de enero las panaderías tradicionales enfrentaron una intensa jornada marcada por largas filas, hornos encendidos sin descanso y una clientela decidida a no dejar pasar una de las costumbres más significativas de la cultura mexicana: compartir la Rosca de Reyes.
A lo largo del día, familias completas, trabajadores y grupos de amigos acudieron a panaderías de barrio para adquirir el pan dulce que simboliza el cierre de las celebraciones decembrinas. Aunque grandes tiendas minoristas también ofrecieron roscas, muchos consumidores optaron por establecimientos familiares, donde el sabor artesanal y la receta tradicional siguen marcando la diferencia.
Negocios como Gussie’s Tamales & Bakery se vieron rebasados por la demanda. Desde temprano, los pedidos no dejaron de llegar y el ritmo de trabajo se mantuvo constante hasta la noche. Para los panaderos, esta fecha representa una de las temporadas más intensas del año, pero también una de las más gratificantes.
Juan Rangel, panadero con más de cuatro décadas de experiencia, es uno de los muchos artesanos del pan que sostienen esta tradición. Originario de Ciudad Juárez, aprendió el oficio desde niño junto a su padre en la desaparecida Panadería La Imperial, ubicada en las calles 20 de Noviembre y Anáhuac. De los nueve hermanos, fue el único que decidió continuar con el legado familiar.
“Desde chico supe que este era mi camino”, comentó Rangel, quien destacó que la aceptación de las roscas se debe a la calidad de los ingredientes. Explicó que utilizan productos naturales como vainilla, naranja, cajeta y frutas como mango, guayaba, piña y fresa, sin conservadores ni sabores artificiales. “La gente nota la diferencia”, aseguró.
El trabajo se extendió por varios días previos al 6 de enero, con turnos largos y producción constante. Rangel y su equipo elaboraron cientos de roscas para satisfacer a clientes que llegaron de distintos puntos de la región Paso del Norte. “Es cansado, pero vale la pena cuando ves que la gente se va contenta”, expresó.
Por su parte, Rodolfo González, propietario de Gussie’s Tamales & Bakery y miembro de la tercera generación del negocio familiar fundado en 1973, explicó que la preparación inicia días antes. “La mayor parte de la producción arranca desde el 2 de enero. En un solo día podemos hacer cerca de 500 roscas y en toda la temporada hasta cinco mil”, detalló.
Además del pan de rosca, el lugar es ampliamente reconocido por su variedad de pan dulce, empanadas, donas y tamales, así como por platillos tradicionales que atraen a clientes durante todo el año. González agradeció la preferencia de la comunidad y subrayó que el éxito del negocio se debe a la confianza de generaciones de clientes.
Durante la jornada, empleados de oficinas compraron roscas para compartirlas en sus centros de trabajo, mientras que por la noche padres de familia llegaron para llevar el pan a casa y partirlo en familia. “Aquí la rosca sabe como las de antes”, comentó José Martínez, mientras esperaba su turno. Otros clientes coincidieron en que acompañar la rosca con café, chocolate caliente o leche es parte esencial del ritual.
Más allá del consumo, la Rosca de Reyes conserva un profundo significado religioso y cultural. Su forma circular representa la eternidad y el amor infinito, mientras que las frutas simbolizan las joyas de las coronas de los Reyes Magos. En su interior, la figura del Niño Dios recuerda la huida de la Sagrada Familia para protegerlo del rey Herodes.
La tradición continúa el 2 de febrero, Día de la Candelaria, cuando quienes encontraron la figura asumen el compromiso de compartir tamales, reforzando la convivencia y los lazos familiares.
En una ciudad fronteriza como El Paso, la celebración del Día de Reyes no solo mantiene vivas las raíces mexicanas, sino que reafirma el valor de la comunidad, la memoria y las tradiciones que se transmiten de generación en generación.
