Sin embargo, especialistas advierten que hablar de decadencia todavía sería prematuro.
La ciudad mantiene fortalezas importantes: una ubicación estratégica para el comercio internacional, crecimiento en sectores logísticos, infraestructura fronteriza en modernización y una conexión económica permanente con Ciudad Juárez. El desafío, señalan, será convertir esas ventajas en condiciones que retengan talento, generen inversión y hagan atractivo permanecer o regresar.
También emerge otro debate: el tamaño de una ciudad no siempre define su calidad de vida. Algunos sectores consideran que el objetivo no debe ser crecer por crecer, sino construir una comunidad con mejores empleos, servicios públicos eficientes, infraestructura moderna y oportunidades para nuevas generaciones.
La discusión ya comenzó entre ciudadanos, empresarios y autoridades.
La pregunta que empieza a escucharse con más frecuencia no es únicamente cuántos habitantes tendrá El Paso en el próximo censo, sino qué tipo de ciudad quiere convertirse dentro de 10, 20 o 30 años.
Porque detrás de cada persona que se va, también queda una pregunta abierta sobre el futuro de la frontera.
