San Lorenzo: el poder de la Fe.
José Eduardo Borunda Escobedo.
Ser juarense es escribir una identidad social compleja. No sólo es estar cerca de la frontera con Estados Unidos, es fundir costumbres, tradiciones, conocimientos, costumbres, formas de ser, de hablar, de comunicarse. Es más que eso y cuando se trata de festividades religiosas hacen más compleja esa identidad juarense que sólo se explica por el poder de la fe que mueve las voluntades del ser humano.
San Lorenzo o “San Lorencito” como afablemente les dicen algunos fieles católicos a la imagen del altar que se encuentra en el barrio de San Lorenzo, ahí a un costado de la curva que lleva el mismo nombre y que identifica la fiesta patronal de Ciudad Juárez.
Pero ¿Sabías que el Santuario de San Lorenzo estaba en otro lugar? Según nos ha contado el historiador Javier Luevano De la Rosa, la desviación del Río Bravo hizo que el templo – ermita que se encontraba a márgenes del mismo río, cambiara de curso por las fuertes lluvias, destruyendo prácticamente todo el templo y salvándose la imagen de “San Lorencito”.
La crónica de los hechos se fue transmitiendo de boca a en boca hasta convertir el hecho en un milagro de la reliquia, poco a poco se reconstruyó el templo en el lugar que hoy ocupa e hizo que los fieles fueron poco a poco llegando a pedir el “favor” de un milagro por la salud, por una causa difícil, por trabajo o simplemente por encomendarse a Dios en alguna acción que necesitaban y que sólo el poder de Dios por intercesión del santo podría darse.
Los juarenses de antaño decían que iban a San Lorenzo a cumplir una manda, iban a pie desde su casa o bien desde la catedral que se ubica en Venustiano Carranza y 16 de Septiembre. La tradición decía que si no cumplías con la manda te ibas a quemar seguramente, haciendo eco de la muerte del diácono San Lorenzo que fue martirizado por los romanos por no entregar las riquezas de la iglesia de las catacumbas.
El 10 de agosto se conmemora la fiesta patronal de Ciudad Juárez, el lugar es el santuario elegido para ello, donde “medio Juárez “va no sólo a cumplir una manda, a prender una veladora y/o a la visita obligada a la misa ofrecida. Es más que eso, ya que la fusión entre el poder de la oración y la fe de los fieles creyentes implica el sacrificio y el cumplimiento espiritual. Todo ello confluye en esa identidad que hace a los juarenses.
