mayo 11, 2026
El Paso

Insinuó Donald Trump lanzar misiles contra México para acabar con los cárteles de la droga

Maggie Haberman/The New York Times

El ex presidente Donald Trump preguntó a Mark Esper, su secretario de Defensa, sobre la posibilidad de lanzar misiles contra México para “destruir los laboratorios de drogas” y acabar con los cárteles, manteniendo que la participación de Estados Unidos en un ataque contra su vecino del Sur podría quedar en secreto, cuenta Esper en sus próximas memorias.

Esas notables discusiones en 2020 fueron algunos de los varios momentos que Esper describió en el libro, “A Sacred Oath” (“Un juramento sagrado”), que lo dejaron casi sin palabras cuando sirvió al presidente número 45.

A Esper, el último secretario de Defensa confirmado por el Senado bajo Trump, también le preocupaba la especulación de que el presidente podría hacer un mal uso de los militares el día de las elecciones, por ejemplo, haciendo que confiscaran las urnas.

El secretario advirtió a los subordinados estar alertas ante llamadas inusuales de la Casa Blanca en el período previo a las elecciones.

El libro, que se publicará el martes, ofrece una perspectiva asombrosamente sincera de un ex secretario de Defensa, e ilumina episodios clave de la presidencia de Trump, incluidos algunos que eran desconocidos o poco explorados.

“Sentí que estaba escribiendo para la historia y para el pueblo estadounidense”, dijo Esper, quien se sometió al proceso estándar de autorización de seguridad del Pentágono para buscar información clasificada. También envió sus escritos a más de dos docenas de generales de cuatro estrellas, algunos miembros del gabinete y otros para evaluar la precisión y la imparcialidad.

Un portavoz de Trump no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Disparar misiles y negarlo

Esa idea surgió de Trump, que no estaba contento con el flujo constante de drogas a través de la frontera Sur, durante el verano de 2020. Trump le preguntó a Esper al menos dos veces si los militares podían “disparar misiles a México para destruir los laboratorios de drogas”.

“No tienen el control de su propio país”, recuerda Esper que dijo Trump.

Cuando Esper planteó varias objeciones, Trump dijo que “podríamos simplemente disparar algunos misiles Patriot y eliminar los laboratorios, en silencio”, y agregó que “nadie sabría que fuimos nosotros”. Trump dijo que sólo diría que Estados Unidos no había llevado a cabo el ataque, recuerda Esper, y escribió que habría pensado que era una broma si no hubiera estado mirando a Trump a la cara.

Presionado sobre su visión de Trump, Esper, quien se esforzó a lo largo del libro para ser justo con el hombre que lo despidió, dijo que su comportamiento era cada vez más errático después de que terminó su primer juicio político en febrero de 2020, y agregó con cuidado pero sin rodeos: “Él es una persona sin principios que, dado su propio interés, no debe estar en el cargo de servicio público”.

Soldados vs migrantes

Esper destaca a los funcionarios a quienes consideraba influencias erráticas o peligrosas sobre Trump, con el asesor de políticas Stephen Miller entre los primeros de la lista. Relata que Miller propuso enviar 250 mil soldados a la frontera Sur, alegando que una gran caravana de migrantes estaba en camino. “Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no tienen 250 mil soldados para enviar a la frontera por semejante tontería”, escribe Esper que respondió.

En octubre de 2019, después de que los miembros del equipo de seguridad nacional se reunieran en la Sala de Situación para ver una transmisión de la redada que mató al líder del Estado Islámico Abu Bakr al-Baghdadi, Miller propuso asegurar la cabeza de al-Baghdadi, sumergirla en sangre de cerdo y exhibirla para advertir a otros terroristas, escribe Esper. Eso sería un “crimen de guerra”, replicó Esper.

Envalentonado y errático

Esper describe una administración completamente rebasada por las preocupaciones sobre la campaña de reelección de Trump, con cada decisión ligada a ese objetivo. Escribe que podría haber renunciado y sopesó la idea varias veces, pero que creía que el presidente estaba rodeado de tantos hombres a favor y personas que le susurraban ideas peligrosas que habrían puesto a una persona incondicional en el lugar de Esper. El verdadero acto de servicio, decidió, era permanecer en su puesto para asegurarse de que esas cosas no sucedieran.

Según Esper, Trump parecía más envalentonado y más errático después de ser absuelto en su primer juicio político. Esper escribe que las elecciones de personal reflejaron esa realidad, ya que Trump trató de reforzar su control sobre el Poder Ejecutivo con demandas de lealtad personal.

Entre los deseos de Trump estaba poner 10 mil soldados en servicio activo en las calles de Washington el 1 de junio de 2020, después de que estallaran grandes protestas contra la brutalidad policial tras el asesinato policial de George Floyd. Trump le preguntó a Esper sobre los manifestantes: “¿No puedes simplemente dispararles?”

Esper describe un episodio casi un mes antes durante el cual Trump, cuyas perspectivas de reelección se vieron modificadas por su repetida torpeza en la respuesta a la pandemia de coronavirus, se comportó de manera tan errática en una reunión del 9 de mayo sobre China con el Estado Mayor Conjunto que un oficial se alarmó. El oficial no identificado le confió a Esper meses después que la reunión lo llevó a investigar la Enmienda 25 –bajo la cual el vicepresidente y los miembros del Gabinete pueden destituir a un presidente de su cargo–, para ver qué se requería y bajo qué circunstancias podría usarse.

Esper escribe que nunca creyó que la conducta de Trump llegara al nivel de la necesidad de invocar la Enmienda 25. También se esfuerza por darle crédito a Trump donde cree que se lo merece. No obstante, Esper pinta un retrato de alguien que no tiene el control de sus emociones o su proceso de pensamiento a lo largo de 2020.

Esper también vio a Mark Meadows, el último jefe de gabinete de Trump, como un gran problema para la administración y el equipo de Seguridad Nacional en particular. Meadows a menudo usaba el nombre del presidente cuando gritaba órdenes, pero Esper deja en claro que a menudo no estaba seguro de si Meadows estaba comunicando lo que Trump quería o lo que Meadows quería.

También escribe sobre repetidos enfrentamientos con Robert O’Brien, el asesor de Seguridad Nacional de Trump en el último año, y describe a O’Brien como defensor de un enfoque belicoso hacia Irán sin considerar las posibles consecuencias.

 

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